Quién sabe Alicia,
este país no estuvo hecho porque sí.
Por la mañana leí en el cada vez más ambiguo periódico “El País” las noticias acerca del futuro del juez Garzón. Se pretende juzgarlo por investigar crímenes de la dictadura.
Y la cosa no iba a mejorar. Al llegar a la taquillas del cine, después de la cena, presentí que la aventura podría ser terrible. Era fácil de saber por qué. En la remera de la vendedora se promocionaba la ansiada película de Alicia en el País de las Maravillas, con un gótico y colorido estampado de los personajes sobre un fondo negro. Centímetros más arriba -y también sobre fondo negro-, el logotipo color cyan de Disney anunciaba lo que efectivamente pasaría. Iluso de mí, víctima de mi estupidez, caí en la trampa del tres dé. ¿Por qué creí que la técnica podría resolver parte del problema de la ausencia en las salas si lo que pasa en verdad (así como también en parte del problema discográfico) es la publicación de una gran cantidad de cine basura dirigido a un publico adolescente? El mundo entero está en su derecho de hacer lo que quiera, pero la pregunta es por qué se cae en facilismos cuando ya se ha demostrado capacidad anteriormente, cuando ya se ha hecho otra cosa. James Cameron y sus muñequitos azules no me decepcionaron, porque no esperaba nada de ellos (de Cameron y sus bluepeace). Guardo los mejores recuerdos acerca de Terminator, aquel robot que tenía una mala leche increíble y le disparaba a todo lo que se movía. ¿Por qué Tim Burton se queda en las formas, si ya había demostrado su capacidad y elocuencia para contar historias, desarrollar personajes y hacerlos evolucionar en su búsqueda, transformándolos? Indignaciones aparte, salí del cine en silencio, algo dolido. Ya era de madrugada. Prendí un cigarrillo y afirmé una frase discutible pero no sin cierta crítica: sábado, el día en que Tim Burton se aburguesó.
El 10 de abril se cumplieron cuarenta años sin los Beatles y en la televisión pública apareció, luego de una tanda, la imagen de un Lennon sonriente, 4 o 5 segundos en los que decía algo acerca de por qué mirar hacia los ´60 y los ´70. Hablaba de la necesidad de inventar, de innovar. Y vaya si lo hizo. Pero las imágenes no correspondían a ningún documental, para mi desgracia. Eran utilizadas como parte de un anuncio de Citroën. En esos 4 o 5 segundos sentí que la revolución aún era posible. Luego, el asco.
El amor es ciego; la justicia, también. Si Garzón quedara inhabilitado, muchos se pondrían contentos. Para qué tener memoria, para qué películas que además de divertirnos, nos hagan reflexionar un poco. Supongo que es más fácil los efectos especiales que el enfrentarse a uno mismo. Tomorrow never knows, John.
El amor es ciego; la justicia, también. Si Garzón quedara inhabilitado, muchos se pondrían contentos. Para qué tener memoria, para qué películas que además de divertirnos, nos hagan reflexionar un poco. Supongo que es más fácil los efectos especiales que el enfrentarse a uno mismo. Tomorrow never knows, John.

Yo fui a verla el viernes. Caí en la trampa del 3D, y lo que es peor, a posta. Ya sabía que no sería tan espectacular como anunciaba el cartel surrealista. Pero, aun así, quería verla. Que Tim Burton prefiere recrearse en el escenario, los colores, la vestimenta y magnificar su universo particular antes que pulir la trama para que sea fiel a la obra original no debería sorprendernos. Ahí precisamente es donde radican sus aciertos ("Charlie y la fábrica de chocolate", "Sweeney Todd") y, también, sus desaciertos, como acaba de ocurrir con "Alicia en el país de las marvillas".
ResponderEliminarLo del 3D es otro asunto. En realidad, ¿que aporta el 3D a la historia? Nada, lo mismo que el color. Y si la historia es mala no se va arreglar aunque te pongas unas gafas gigantes de lentes azules y rojas.
Un saludo