Por acá las cosas andan bien. A veces
un poco raro; no me encuentro. Y me jode, porque el tiempo pasa
rápido y la cosa no está como para no encontrarse. Creo que todo
esto se debe a un problema de alimentación que tuve de chico. Sí,
aunque suene raro. Ya se sabe, las miserias de los comienzo de los
ochenta. Todo era gris, no
me imagino la ciudad en aquel entonces. O tal vez no quiera
imaginarla, así, como en "Luna de avellaneda", con esas
lamparitas de colores azules, amarillas y rojas, de un lado a otro de
los postes y gente que tiene fe en dios porque no hay otra cosa.
¿Cómo serían las cosas si mi viejo hubiera leído a Nietzsche?
¿Escucharíamos juntos a Pink Floyd y fumaríamos un porro? El
cemento predominaba en los comienzos de los noventa. Por suerte nos
quedó Charly García. ¿Te acordás cuando lo vimos? ¿Cuánta
muerte habrá pasado por Avenida Corrientes? Quiero decir, ¿cuánta
vida, cuánto desamor, cuántas balas? ¿Y tiempo? Si hasta Sabina la
piso y se enamoró. Y alguna vez Serrat. Estoy tomando una Stella
bien fría, como hay que tomarla. Porque es parecido a la fe, porque
no hay otra cosa.
Foto: Con Juan en Plaza Serrano. Hacía noche y calor. Había botellas y había gente, vendedores, policías, mesas. Gracias Pepe.

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